Esvásticas y besos de otoño


A veces -las más de las veces- me pregunto qué coño hago en casa los sábados por la noche en lugar de estar afuera bebiendo, bailando, viviendo. A veces me entretengo comprando pedazos de vida, ya sabes, un retazo, una miseria cualquiera o un saludo de aquellos que viaja por el tiempo y que deposito rápidamente en el carrito de Amazon. Clic. Crédito. Clic. Dirección. A veces -menos veces- vuelvo a casa y en el buzón hay una carta y sobre la carta el nombre de alguno de los espejismos de los que me despedí lejos, muy lejos, en algún rincón remoto. A veces - casi nunca- abro el buzón y me encuentro un libro y dentro  del libro hay una hoja marchita, la miseria de otoño de algún árbol lejano y mustio y solo. Junto a la hoja encuentro una postal y sobre la postal estas palabras de amor que viajan en el tiempo hasta mis manos. Acaricio unas palabras escritas en 1917 y suspiro. -Bienvenidas- les susurro. -Aquí, en el futuro, también hay alguien que permanece sentado en su escritorio y se pregunta por el momento exacto en que palidecerán sus palabras sobre la piel de otros. Me llamo Annalisa. Olvidemos la esvástica. Hablemos. 



2 comentarios:

josé maría dijo...

En el dormitorio de la casa de antes, en la pared frente a la cama rotulé: "Al hombre le pasa lo que le pasa, por no saber quedarse tranquilo entre cuatro paredes. Pascal"

Ayer, sábado noche, entre tus cuatro paredes escribiste: "A veces -menos veces- casi nunca... Olvidemos la esvástica. Hablemos"

Linda, linda vida.

* dijo...

linda, linda vida teñida de azul en la mañana y bañada en negro cuando es de noche. ay, si no fuera por las palabras que nos salvan a veces...