¡Que yo doy clases!



Ya lo dijo el poeta: hay noches que debieran ser la vida. Nunca debimos desprendernos del blutack de las paredes, fueron lo que más perduró de nuestra relación. Cuando traspasamos la jaula y abandonamos el pájaro, nuestra única meta consistió en liberarnos de la angustia, en tratar de no consistir. Ya lo dijo el poeta (también Pau) y nosotros asentimos: no somos sino  un trozo de carne arrojado a las fieras. Si uno no quiere dos no se pelean, añadió, y los infames cinco tratamos de ignorar el desgarro causado por la rotación de las agujas del reloj en nuestras cabezas. Llenamos los ceniceros y vaciamos las copas. Hablamos, hablamos mucho. Consistimos poco. Nos abrazamos. Nos despedimos. ¿Por qué no? ¿Qué más podíamos pedirle a la vida?

2 comentarios:

Hugo de Saralegui dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anna-Lisa dijo...

Y si no, comer una paella o un arroz negro o algo de eso. Algo, en definitiva, muy interesante.