osbaldo y las palabras

a osbaldo le habían augurado un futuro prometedor si se dedicaba al mundo de las letras, pero ahora se arrepentía de haberles hecho caso a esos seres oscuros que se deslizaban silenciosamente por los pasillos de las universidades. sólo él -pensaba-podía haber sido tan iluso como para creerse las promesas de esos aburridos hombres de letras que se refugiaban en sus despachos y que vivían sus vidas a través de las palabras de otros. meros regurgitadores de historias- se decía a sí mismo ahora. sin embargo, osbaldo se había sentido seducido por sus promesas de éxito y dinero y había decidido convertirse en escritor. pensaba que así encandilaría a las mujeres y que éstas le escucharían recitarse a sí mismo y sucumbirían a su dominio de las palabras. pensaba atarlas, dominarlas, acariciarlas - a las palabras, claro, no a las mujeres- y sin embargo, cuando comenzó su esperada novela comprobó que eran las palabras las que se subían a sus hombros, a sus cejas, a esas fosas nasales peludas por las que ya no podía ni estornudar. las palabras se habían rebelado: no querían ser dominadas por cualquiera. el mundo -pensaba osbaldo- es una cruel suma de palabras que nos dominan. no voy a volver a decir una palabra en la vida-. y, aunque siempre caminaba rodeado de una humareda de palabras,  jamás se le oyó pronunciar una palabra de nuevo. 


**cuadro de diego ingold**

3 comentarios:

Álex Chico dijo...

Bueno, en realidad la escritura no es un don. Es, quizás, sólo una condena. La lectura tiene la culpa. Y el cine. En realidad, todo es culpable: los libros, los que hablan de libros, los que ven películas y, aún más, los que se imaginan que su vida es una película. Luego, claro, están los bares chinos de la esquina. Pero esos ya son otra historia.

Anna-Lisa dijo...

las palabras no sirven de nada, lo sé. entonces, ¿por qué esta obsesión con teclear a todas horas? ¿por qué esta necesidad de contar, de hablar de medias rojas, de pájaros azules y de taquicardias lejanas? no lo sé. quizás si estuviera en un bar chino en una esquina cualquiera todo sería muy diferente y no harían falta palabras, sólo cerveza cigarrillos y una tarde entera. para decir. o no-decir. que para el caso, viene a ser lo mismo.

Paulino dijo...

Las palabras son la materia prima, son los ladrillos con los que se construye un mensaje en la profundidad.

Ese mensaje, como una burbuja de aire en el agua, sube hacia sus destinatarios, que son todos aquellos que lo entienden, aunque cada uno lo entienda a su manera. Claro que hay muchos mensajes que nadie entiende y no llegan a ningún lado.

¿Porqué escribir?

Porque si no liberas esas burbujas, te vas inflando hasta explotar.