hermanos

estabas tirado sobre la nieve en el barrio de harlem, tu pelo largo esparcido sobre  el suelo blanco y la espuma, también blanca, que se escapaba poco a poco de tu barriga como se nos escapa a nosotros la vida el  último día, a tu lado pasaban corriendo mr. y mrs. smith y no te miraban, no te veían mover tiernamente los bracillos gritando en silencio buscando el calor humano del abrazo de un niño, tú que no pedías nada pero lo habías dado todo, tú que vigilabas cuando los niños dormían para que ni las polillas ni las cucarachas ni los ratoncillos de las cañerías les mordieran los tobillos; quién iba a pasar ahora los dedos por tus cabellos de oro, quién iba a darte de comer papillas suaves imaginarias con cuchara amarilla para que desconozcas esta vida y siempre el hambre de esos hombres oscuros que acechan el parque... estabas tirado sobre el suelo en el barrio de harlem y tu sangre se confundía con la nieve. mientras me alejaba me giré para lanzarte un beso alado y tuve la impresión de que me perdonabas de la misma manera que se perdona a un hermano. 


"Esta noche     uno de ellos
se ha acercado a mí
y con sus grandes ojos dorados
me ha mirado tiernamente 
como se mira a un hermano"

Jorge Eduardo Eielson, Del absoluto amor y otros poemas sin título.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

lovely, lovely, lovely, mi aspirina favorita. qué ternura. sin duda yo lo habría echado a mi maleta. seguro que tú lo dejaste en la ingenua esperanza de que alguien sintiera lo que tú. se equivocó dostoievsky al decir que la belleza salvará al mundo. qué es la belleza, viva la bondad de lo feo y lo defectuoso. enhorabuena, annalisa.
juanandrés

* dijo...

querido, es imposible salvar a todos los peluches del mundo. pero a veces basta con que los mires para rescatarlos un poco y que cese de brotar la nieve de sus pequeños pechos. o si no montaremos un orfanato de peluches abandonados...

Anónimo dijo...

vamos a montarlo.